30 de junio de 2012
Aquel 30 de junio de 2012 será un
día triste para el entorno natural y medioambiental de la Comunidad Valenciana,
y por ende para todo el país. Miles de hectáreas se quemaban en el interior de
nuestra autonomía por unos incendios devastadores que provocaban, junto a un
viento a favor, una nube de cenizas sobre la atmósfera de la ciudad desde el
sábado día 30 de junio hasta su extinción unos tres días después. El domingo, la
jornada posterior a la carrera, fue el más dramático, pues el cielo de la
ciudad estaba completamente envuelto de aquel velo humeante. Se quemaban
nuestros bosques…
El sábado 30 de junio a las 19
horas de la tarde se celebra en Alboraia una nueva edición de la Volta a Peu
Solidaria de ayuda contra el cáncer. Se iba a realizar en un circuito muy
rural, entre campos de chufas y huerta tradicional valenciana en una decena de kilómetros
bajo el intenso calor de finales de junio. No debería haberme atrevido a
realizarla y quiero conservar mi salud, pero pensé que una botellita de agua en
la mano me salvaría de una deshidratación precoz. Así me atreví a participar, con
el acompañamiento de mi familia al completo. No faltaba ni Laura ni Aroa. ¡Saben
que donde se reparte horchata un poco hay que probar!
Nada más llegar se recoge el
dorsal y se elige la camiseta, ¡que después no queremos líos!
Me pasé la mañana bebiendo de todo:
zumos, isotónicas, agua hasta ahogarse… Había ido ya mil veces al baño, no
obstante las ganas de volver se manifestaron en los prolegómenos de la carrera
y sí señores, la cola de un baño de hombres era por primera vez más larga que
el de féminas. Claro está que se debe al porcentaje de varones respecto al de
mujeres y a los escasísimos urinarios disponibles…
Dispuestos a salir, con mi
botella ya recalentada de isotónica en la mano y cerca de mis seguidores a la
sombra. Me ofrecen sus recomendaciones y sus consejos. Los típicos son lo de
que si no puedes más te pares y camines, que no te excedas... Lo cierto es que últimamente
he pensado que actualmente, que tengo el estado físico mejor que antes, no creo
que requiera que pare a caminar. Sin embargo, el dichoso día tenía que llegar y
el calor animó a que en el kilómetro 6 mi cuerpo dijese basta. Pero enseguida
iré a ello.
Se da el pistoletazo de salida y
no salgo muy atrás. Se nota que la gente no está muy por la labor de competir
duramente. Alboraia aplaude el paso de los corredores y a mí me encantan esos
primeros minutos de paso urbano, entre la sombra de las calles que siempre
portan tránsito rodado y hoy se fastidian. ¡Hoy mandan las zapatillas,
conductores y conductoras!
Salimos a la huerta tradicional
valenciana, la del norte de la ciudad, de la chufa, la de las cebollas y
patatas, la de los alcachoferos y el riego por acequias alrededor de las
alquerías. Una imagen con una potencia visual paisajística fabulosa. El sol
pega fuerte allí, pero también hay una suave brisa que proviene del mar a menos
de un kilómetro. Sabemos que luego vamos allí, a la playa por el paseo marítimo.
A través de los campos, en alguna alquería un amable señor nos rocía con una
manguera agradeciendo la acción todos al paso. Alguno lo pregunta que si
también puede repartir cerveza pero el bromeando dice que si hubiera pasado de
los primeros habría tenido, pero se agotó.
El paso por el paseo marítimo
comenzó a ser algo agobiante, la brisa no era del todo fresca, el sol pegaba
fuerte en aquel cielo ya cubierto ligeramente de ceniza. Pero peor fue después
el paso por el camino de gravas hasta el Barranc del Carraixet. A través de un
paso muy estrecho, largo y de poca altura que atraviesa por debajo de la
autovía y produce unas sensaciones agobiantes y claustrofóbicas llegamos al
punto donde decidí por el bien de mi salud, pararme a tomar aire.
Et voilà! Mi primer bajón real en una carrera. Una larga serie de stop & go hasta que consiguiese
recuperarme y si podía ser posible, correr de nuevo bajo la sombra más adelante.
Miraba a través de los cristales de las gafas de sol deportivas al astro rey,
allí en el cielo atizando con desdén tras el ligero velo del humo de los
incendios. Los corredores y corredoras me adelantaban, a veces me incorporaba
al ritmo de alguno pero enseguida volvía a caer bajo los efectos de la fatiga.
Así durante un kilómetro, donde perdí todas las oportunidades de bajar de los
52 minutos que hice en Alaquàs. Otra vez será. Lo importante era terminar la
carrera como sea, pero tampoco quería llegar andando a meta…
Cuando quedaban solo dos kms,
tiré la botella de líquido que me acompañó durante la carrera y decidí llegar
al final con dignidad. Troté firme, con ánimo y fuerzas que saqué del alma, por
que del cuerpo ya no podía exprimir más. Las calles del municipio me reconfortaron,
la sombra de las fachadas me refrescó y el ánimo de la gente me arropó.
Vi a mi familia en la recta de
metas, todos ellos animando, fotografiando y grabando. Me produjo mucha
alegría. Troté hasta el final, hasta aquel arco hinchable con cuatro letras
escritas que me supieron a gloria: META.
Al final, 58 minutos. Lógico tras
las sucesivas paradas en Carraixet.
Ahora había que dirigirse al
avituallamiento final, muy generoso con bebida, con melón, con fartons y con
horchata de la buena, de la artesanal, qué rica…
Sudé más que nunca la camiseta.
La estrujé y formé un charco en el suelo. Mas allá del asco que pueda dar,
habría sudado aproximadamente medio litro de agua. ¡Cómo para caer seco al
suelo!
En conclusión, fue una
interesante carrera, mas el calor impidió disfrutarla al cien por cien.
Y quiero decir, que hasta que no
se vive no se siente: si hay que parar por que el cuerpo no puede, hazle caso.
Una marca es solo una marca, un tiempo. ¡Tu vida vale mucho más que ello!
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| Últimos metros de la prueba de Alboraia '12 |
