martes, 21 de agosto de 2012

10k ALBORAIA - DIVINA PASTORA




30 de junio de 2012


Aquel 30 de junio de 2012 será un día triste para el entorno natural y medioambiental de la Comunidad Valenciana, y por ende para todo el país. Miles de hectáreas se quemaban en el interior de nuestra autonomía por unos incendios devastadores que provocaban, junto a un viento a favor, una nube de cenizas sobre la atmósfera de la ciudad desde el sábado día 30 de junio hasta su extinción unos tres días después. El domingo, la jornada posterior a la carrera, fue el más dramático, pues el cielo de la ciudad estaba completamente envuelto de aquel velo humeante. Se quemaban nuestros bosques…

El sábado 30 de junio a las 19 horas de la tarde se celebra en Alboraia una nueva edición de la Volta a Peu Solidaria de ayuda contra el cáncer. Se iba a realizar en un circuito muy rural, entre campos de chufas y huerta tradicional valenciana en una decena de kilómetros bajo el intenso calor de finales de junio. No debería haberme atrevido a realizarla y quiero conservar mi salud, pero pensé que una botellita de agua en la mano me salvaría de una deshidratación precoz. Así me atreví a participar, con el acompañamiento de mi familia al completo. No faltaba ni Laura ni Aroa. ¡Saben que donde se reparte horchata un poco hay que probar!

Nada más llegar se recoge el dorsal y se elige la camiseta, ¡que después no queremos líos!
Me pasé la mañana bebiendo de todo: zumos, isotónicas, agua hasta ahogarse… Había ido ya mil veces al baño, no obstante las ganas de volver se manifestaron en los prolegómenos de la carrera y sí señores, la cola de un baño de hombres era por primera vez más larga que el de féminas. Claro está que se debe al porcentaje de varones respecto al de mujeres y a los escasísimos urinarios disponibles…

Dispuestos a salir, con mi botella ya recalentada de isotónica en la mano y cerca de mis seguidores a la sombra. Me ofrecen sus recomendaciones y sus consejos. Los típicos son lo de que si no puedes más te pares y camines, que no te excedas... Lo cierto es que últimamente he pensado que actualmente, que tengo el estado físico mejor que antes, no creo que requiera que pare a caminar. Sin embargo, el dichoso día tenía que llegar y el calor animó a que en el kilómetro 6 mi cuerpo dijese basta. Pero enseguida iré a ello.
Se da el pistoletazo de salida y no salgo muy atrás. Se nota que la gente no está muy por la labor de competir duramente. Alboraia aplaude el paso de los corredores y a mí me encantan esos primeros minutos de paso urbano, entre la sombra de las calles que siempre portan tránsito rodado y hoy se fastidian. ¡Hoy mandan las zapatillas, conductores y conductoras!

Salimos a la huerta tradicional valenciana, la del norte de la ciudad, de la chufa, la de las cebollas y patatas, la de los alcachoferos y el riego por acequias alrededor de las alquerías. Una imagen con una potencia visual paisajística fabulosa. El sol pega fuerte allí, pero también hay una suave brisa que proviene del mar a menos de un kilómetro. Sabemos que luego vamos allí, a la playa por el paseo marítimo. A través de los campos, en alguna alquería un amable señor nos rocía con una manguera agradeciendo la acción todos al paso. Alguno lo pregunta que si también puede repartir cerveza pero el bromeando dice que si hubiera pasado de los primeros habría tenido, pero se agotó.

El paso por el paseo marítimo comenzó a ser algo agobiante, la brisa no era del todo fresca, el sol pegaba fuerte en aquel cielo ya cubierto ligeramente de ceniza. Pero peor fue después el paso por el camino de gravas hasta el Barranc del Carraixet. A través de un paso muy estrecho, largo y de poca altura que atraviesa por debajo de la autovía y produce unas sensaciones agobiantes y claustrofóbicas llegamos al punto donde decidí por el bien de mi salud, pararme a tomar aire.

Et voilà! Mi primer bajón real en una carrera. Una larga serie de stop & go hasta que consiguiese recuperarme y si podía ser posible, correr de nuevo bajo la sombra más adelante. Miraba a través de los cristales de las gafas de sol deportivas al astro rey, allí en el cielo atizando con desdén tras el ligero velo del humo de los incendios. Los corredores y corredoras me adelantaban, a veces me incorporaba al ritmo de alguno pero enseguida volvía a caer bajo los efectos de la fatiga. Así durante un kilómetro, donde perdí todas las oportunidades de bajar de los 52 minutos que hice en Alaquàs. Otra vez será. Lo importante era terminar la carrera como sea, pero tampoco quería llegar andando a meta…
Cuando quedaban solo dos kms, tiré la botella de líquido que me acompañó durante la carrera y decidí llegar al final con dignidad. Troté firme, con ánimo y fuerzas que saqué del alma, por que del cuerpo ya no podía exprimir más. Las calles del municipio me reconfortaron, la sombra de las fachadas me refrescó y el ánimo de la gente me arropó.
Vi a mi familia en la recta de metas, todos ellos animando, fotografiando y grabando. Me produjo mucha alegría. Troté hasta el final, hasta aquel arco hinchable con cuatro letras escritas que me supieron a gloria: META.

Al final, 58 minutos. Lógico tras las sucesivas paradas en Carraixet.

Ahora había que dirigirse al avituallamiento final, muy generoso con bebida, con melón, con fartons y con horchata de la buena, de la artesanal, qué rica…

Sudé más que nunca la camiseta. La estrujé y formé un charco en el suelo. Mas allá del asco que pueda dar, habría sudado aproximadamente medio litro de agua. ¡Cómo para caer seco al suelo!

En conclusión, fue una interesante carrera, mas el calor impidió disfrutarla al cien por cien.

Y quiero decir, que hasta que no se vive no se siente: si hay que parar por que el cuerpo no puede, hazle caso. Una marca es solo una marca, un tiempo. ¡Tu vida vale mucho más que ello!


Últimos metros de la prueba de Alboraia '12


sábado, 28 de julio de 2012

Volta a peu 6k parques de Mislata 2012



16 de junio de 2012


Es más fácil y accesible apuntarse a correr en un municipio relativamente cercano al tuyo, pues el desplazamiento a día de hoy se paga con creces. No había estado nunca en los barrios situados al oeste de la trama urbana de la Mislata, en la zona de Almassil, y me animé a buscar por internet un área de fácil posibilidad de aparcamiento del coche. Sencillo, sin mucha complicación, una explanada junto a la autovía, bajo un eucalipto que arrojaba una sombra agradable bajo aquella calurosa tarde de mediados de junio.
Hoy me acompaña mi chica, y es algo que siempre agradezco porque me añade moral antes de ponerme a trotar por ahí. Me pregunta dónde es la salida y le indico que se efectúa en medio de una plaza enorme, yerma, donde la vegetación se limita a los arboles perimetrales de las calles que la confinan y algún que otro pequeño ejemplar verde que se planta en un pequeño parterre. Por lo demás, explanada de cemento, fría y dura como muchas de las plazas modernas ultimamente realizadas en los municipios españoles.

La salida se marca con un arco hinchable de los de toda la vida, con la publicidad de la bebida de cola de toda la vida y con la musiquita de animación de toda la vida. Lo que no es de toda la vida era la poca afluencia de gente que iba a haber en el día de la carrera. Desolador. Una plaza que puede contener a veinte mil personas apenas iba a albergar a ciento cincuenta corredores. ¡Qué desangelado iba a ser aquello!

En fin, tomo mi dorsal, el número 46, pintado con rotulador y seguidamente me hago unas fotos con Laura y nos dirigimos a la sombra más próxima, a esperar que llegasen mis padres, que también iban a ver mi cara de sufrimiento al llegar a meta. De hecho hay una foto de ello y mi semblante es todo un poema a la llegada. Luego hablaré de eso.
Caliento y observo el grupo que va correr. Como siempre, hay de todo: atletas, aficionados y participantes casuales, aunque muy pocos en comparación con otros eventos, y más cuando vienes de correr una de casi mil quinientos individuos!

Se ejecuta la salida y lo primero que debemos recorrer es la misma plaza yerma y desangelada y seguidamente ya trotaremos por el municipio. En concreto por los parques de Mislata, que no están nada mal para pasar una tarde. Un corredor de raza negra se pone en cabeza y a los trescientos metros comienza a dejarnos a todos los participantes atrás, atrás, demasiado... nadie le responde, no tiene rival. Son de otra pasta, ciertamente. De repente se hacen 4 colectivos muy curiosos: el atleta africano, los “cracks”, yo mismo y el resto de inscritos. Esa posición mía como me define? Ni soy crack, obviamente, ni soy del grupo de atrás... creo que algo evoluciona favorablemente en mi entrenamiento, pero no lo suficiente como para alcanzar a la élite. Luego soy consciente de que realmente a fin de cuentas hay “cracks” que se descuelgan del grupo inicial que no eran tan hábiles, e individuos del grupo de atrás que tampoco son tan malos. Adelanto y soy adelantado, lo habitual.

Llevo una buena cadencia de zancada para lo que suele ser corriente en mí y hago el primero de los seis kilómetros en 4 minutos y 15 segundos, pero a partir de ahí el intervalo aumenta a 4'25'', 4'40''... etc. Tengo el conocimiento de que con el calor que hace a mediados de junio no voy a rebajar la marca que hice en la carrera nocturna de Benimamet: aquellos 29 minutos y cincuenta segundos en una carrera de 6km como la que estaba disputando.
La carencia de participantes es de tal índole que a veces corro solo, como si estuviera entrenando por la tarde en el parque. La gente sentada en los bancos comenta de vez en cuando que por allí viene otro, que somos pocos, que vamos muy separados... Los críos se cruzan por el camino de vez en cuando y temo lastimar a alguno. Bendito sea el que me disparo agua con su pistola en el parque de la Canaleta. Vino de perlas, gracias por tu travesura que hizo refrescarme levemente.

Mi cadencia de zancada en el ecuador de la carrera es buena, pero comienza a flojear. Alcanzo a una muchacha joven, de menos de catorce años. Viste una equipación de atleta, dos prendas, muy elitista ella. Admiro que la juventud se anime a realizar deportes como el atletismo y no sea todo fútbol o baloncesto. Desde ese momento, la muchacha situada a unos diez metros delante de mí seria mi referencia de zancada. Aquella chica tenía bastante resistencia y marcaba bien los pasos, se hacia complicado recortarle metros. Una otra joven, miembro de la organización de la carrera la animaba, que era la primera chica y que debía dejar el pabellón alto. Me pareció que aquellas palabras fomentaban el coraje de aquella atleta que se impulsó ligeramente en el dichoso tramo de camino de grava por las traseras del zoológico del Parc de Capçalera. Me dolían los tobillos y era consciente de que comenzaba a sufrir un bajón considerable. Aquello no era ni mucho menos parecido a la frescura de la noche de Benimamet. Si perdía la referencia de zancada de aquella corredora me vendría abajo y trotaría a bajo ritmo. Aun se podía mejorar la marca que obtuve en el velódromo aquella noche, pero creo que conseguir 27 minutos que me había puesto de objetivo unos días antes era una tarea titánica.

Subimos una cuesta de unos treinta metros, endiablada y justiciera. De las que marcan quién está fuerte y quien no lo es aquella tarde. Saco algo de energía de dentro, ese empujón mental que se da uno mismo para conseguir algo que ves que vas a perder. Obviamente la psicología entra mucho en juego en la competición, y también en estas carreras de aficionados al mundillo del running. Volvemos a introducirnos a las estrechas arterias del núcleo urbano de Mislata, sombreadas por la opacidad sus fachadas populares ante el sol de poniente. La chica comienza a escaparse, a ganar ciertos metros respecto de mi posición. La veo a unos cincuenta metros, sola, girando a la derecha en una calle que no era la correcta en el itinerario. ¡Pobrecilla, estamos como para hacer metros de mas!  Menos mal que un organizador de la carrera le advierte y la muchacha rectifica, con el semblante cansado y frustrado por la equivocación y las dos docenas de metros recorridos en balde. Aun así continua a unos cuantos pasos de mi y prosigue en su tarea de dejarme atrás en los quinientos metros restantes. 

Llegamos de nuevo a nuestra querida plaza, en la cual me planto prácticamente sólo, sin la compañía de algún corredor. La foto que me deberían hacer tiene que ser divina, sólo yo, el hombre contra en cansancio, el corredor contra la adversidad del calor. Al final la verdad es que solo es una imagen de un participante con la cara decrépita a causa del cansancio acumulado tras el último paso por la plaza de cemento antes de entrar a meta.

Si existe alguna imagen que demuestre la mala expresión de cara al entrar en meta, esa era la mía. Y siempre he deseado llegar alegre y sonriente si llego solo. Pues no, aquel día tocaba parecer el hermano feo del feo de los Calatrava.

Y por fin, miro mi reloj y voilà: he rebajado un minuto la marca de la carrera de Benimàmet. Justos 28 minutos y 50 segundos. Ni a propósito!

Ahora a por el avituallamiento y los regalos, que por eso he pagado un par de euros... una bebida isotónica, gracias, publicidad de otras carreras, bueno…gracias, y una bolsa que llevará la camiseta, seguro... ¡pues no! Nada de gracias por la visera de la caja rural hecha de cartón y el vale de 2x1 para descuento en Mcdonalds. Para eso, no entreguéis nada. Pero bueno, es lo que conlleva una baja participación. y mientras tanto, el atleta africano ha llegado diez minutos antes que yo, y creo que el si que se va a llevar un buen premio, y merecido.

Una carrera mas y a descansar unas semanas, que la siguiente es un 10k, en Alboraia.

jueves, 7 de junio de 2012

Volta a Peu contra la droga en Torrent


12 de mayo de 2012


Me apetecía realizar una carrerita. Mejor corta,  de menos de 10kms, después del intento fallido de correr en Cheste una semana antes debido no me encontraba bien para disputar una decena de miles de metros. Hay semanas que cuestan mas que otras, y Cheste tenia un circuito complicado para la motivación de aquellos dias. Se hace complicado realizar un entrenamiento adecuado y constante alguna semana, y concretamente si eres estudiante de Arquitectura. En periodo de entrega de proyectos se duerme poco, se dispone de poco tiempo libre, el reloj marcha en tu contra y la impresora te traiciona plasmando grises que no deberían ser tan oscuros... Volviendo a lo que quería decir, que se emplea poco tiempo en estirar las piernas, a no ser que estés hasta las narices de estar sentado durante horas frente al ordenador y decidas que hasta aquí hemos llegado. Voy a trotar un rato y así veo el sol.

No corrí en Cheste por baja forma, y es una verdadera lastima, pues era gratis y ahora es poco común participar en carreritas en las que no haya que soltar un eurito al menos...
Pero hay que resarcirse de ello, se emplea el fin de semana en otro deporte maravilloso, como es el del Tiro con arco que disfruto practicando desde hace unos meses. No todo va a ser perder calorías a marchas forzadas sudando y dando zancadas!

Propongo a mis amigos con ganas e idea de correr alguna que otra Volta a peu, realizar la Carrera contra la droga de Torrente, el dia 12 de mayo. La misma tarde que se disputan los 15 kms de Massamagrell, que algún día intentare. Rectifico: no se intenta, se hace. Se llega hasta el final. Bueno, tampoco seamos drásticos, que el cuerpo tiene un limite y prefiero seguir con mi corazón a pleno rendimiento. No voy a hacer caso al celebre escritor japonés Murakami, cuyo lema en las carreras en las que participa es que jamás acabara una de ellas andando, que siempre se mantendrá corriendo. Pues señor, admiro mucho su voluntad, su energía y su éxito, pero tengo familia y novia que me quieren y si tengo que parar para caminar, pues paro y termino la carrera. Ya me ocurrió en antaño en la Volta a peu de la playa de Malvarrosa... por cierto, en un futuro comentare en una entrada de este blog aquella participación tan desastrosa que repetí dos años consecutivos. El dicho ese del ser humano y el tropiezo en la misma piedra que todos conocemos…

A lo que iba, que participamos en esta prueba de Torrente, ciudad grande de casi 100.000 habitantes y solo 300 corredores a lo sumo. Se entiende, ese dia se disputa la carrera mencionada antes de Massamagrell y la manifestación del 12M.
Bien acompañado con Juanpe y Rafa, dejamos estacionado el coche cerca del Parc central y nos disponemos a buscar la calle de la salida, que por las inmediaciones debería estar. Me pierdo, nos perdemos, me pongo un poco nervioso pero enseguida se me pasa. Un amable señor, miembro de protección civil nos indica que la salida esta en la calle que sube y a la derecha. Bien, nos quedan veinte minutos, ya escuchamos la voz de la speaker por los altavoces, que es la señal que anima (y al final cansa) en las carreras. Es la primera Volta a peu de Rafa y la segunda de Juanpe. Yo llevo ya unas cuantas en las piernas, aunque no tantas como me gustaría haber hecho si descubro esto del running mucho antes. Están los dos fuertes, pero el pobre Juanpe viene tocado de la rodilla después de haber entrenado esa semana. Le recomiendo que tenga tranquilidad en el trote, que este tranquilo que no va a quedarse el último, ¡ni mucho menos! Curiosamente en la recogida de dorsales, Rafa no puede disfrutar del suyo adjudicado pues por lo visto alguien ya lo ha recogido... cosas que pasan a veces en la mesa de organización. En serio, eso es un asunto a reflejar en los archivos de lo paranormal. Menos mal que no optamos a premios por quedar entre los primeros ni nada, por que el lio del dorsal seria tremendo.

En fin, que comienzan los 6kms en una tarde que se nubla agradecidamente, pues el sol estaba golpeando con fuerza ese mediado de mayo. Se anticipaba el verano. Podemos trotar sin fatiga y eso es un beneficio tremendo para el cuerpo. Nos ofrecen avituallamiento de agua en el km2. ¡Pero si aun no tengo sed! Aun así, me refresco la boca un poco y me echo por la nuca, que luego lo agradeceré. Bajamos y subimos túneles que salvan pasos de vías, pero en pocos metros mas adelante, subimos y bajamos puentes que también salvan pasos de vías... ¿que clase de broma es esta? Tanta rampa y cuesta merma el cuerpo de los corredores principiantes y mis últimos seiscientos metros se hacen tediosos. Me cruzo de frente con Juanpe en el tramo recto de doble sentido de la marcha, en la Ronda del Safranar, donde los corredores que se conocen se animan unos a otros. Es el tramo donde los de media tabla de la clasificación ven lo bien que van los primeros, pero no se desaniman porque tampoco les sacan tanta diferencia, y también hay muchísimos que les siguen, donde los primeros se sienten felices de ver tanta gente detrás de ellos, donde los últimos ven con dureza la cantidad de participantes que tienen por delante y que jamás alcanzaran en el día de hoy. Corro todo el rato tras la estela de un abuelete que lleva un ritmo endiablado. Admirable. De mayor quiero ser como ellos y no lo digo de broma. Lo adelanto en la ultima subida y bajada del puente que lleva a la rotonda del tanatorio, pero en la recta de meta me vuelve a dar caza y me anima, me insta a realizar un ultimo sprint y sobrepasar la línea final como un campeón, al igual que hizo Rafa doscientos metros antes, que tenia fuerzas de sobra para rebasarme mientras me saludaba y enfilaba la calle de llegada. Algún dia se la devolveré… por adelantarme en el último minuto. ;)

Al final, un tiempo de 29’ 50’’, curiosamente el mismo que el de la llegada al velódromo Lluis Puig, y de regalo de una bolsa que no contenía camiseta, pero si un gel de ducha, un after sun, un calendario de mesa y un bloc de notas. Buen obsequio, si señor.
Y todos contentos de vuelta, por que estamos fuertes, por que resistimos cualquier cosa, por que somos muy espartanos, gladiadores, guerreros... pero al día siguiente bien nos duele el cuerpo por agujetas hasta las pestañas.

lunes, 28 de mayo de 2012

XXXª Volta a Peu de València 2012



20 de mayo de 2012

Volta a peu de València 2012

La fiesta máxima de las carreras populares es, sin ninguna duda, la Volta a peu de Valencia. Es un evento multitudinario, muy vistoso y con un mensaje de conciencia y llamamiento a la población para fomentar el deporte; dirigido a los activos y a los sedentarios, a aquellos que se calzan a menudo las zapatillas de correr y también a los que abusan del sofá. Se reúnen todos: mujeres y hombres en similar proporción de participación; niños y niñas acompañados de sus padres o sus abuelos, que por cierto, son un colectivo generacional que me encanta ver en las carreras; toda la familia reunida para trotar por las avenidas de valencia al ritmo de palmadas matutinas al unísono, algo que emociona mucho cuando son mas de 20.000 almas las que lo hacen a la vez.

Me ofrece simpatía esta prueba, aunque tampoco es del todo apta para marcar un buen ritmo de zancada y controlar tu tiempo en los 8kms que tiene de distancia el recorrido. Esto es debido a la enorme masa de gente que participa en el evento e invaden el ancho disponible de la calle.

Nos despertamos el domingo 20 de mayo - día de mi cumpleaños - con una soleada mañana que contrasta mucho con la de la edición de año pasado en la cual fue protagonista una inquietante lluvia previa al pistoletazo de salida.
Solecito del bueno, del que anima, del que no llega a torrar pero agradece una mañana primaveral. Hoy toca pasárselo bien y entretenerse corriendo al ritmo que voy charlando con mi buen amigo Julián atravesando las calles de la capital.

Me despierto a las 7 de la mañana… ¡Un domingo! ¿Nos hemos vuelto locos?
Pero hay que desayunar bien, un poco de hidratos de carbono por allí, otro poco por allá... lo típico que hacen los deportistas o aspirantes a ello, como es el caso propio, y a continuación vuelvo a dormir una horita más. Realmente iba a ponerme frente al ordenador a elaborar mi proyecto final de carrera, pero tengo excesiva pereza esa mañana para ponerme a diseñar.

Salgo de casa con mis padres y quedamos con Julián para partir a la trigésima edición de la Volta a peu de la ciudad de València, ¡Qué numero mas redondo y bonito!... pues mira tu por donde han diseñado una camiseta de regalo a los corredores que proporciona, lastima no, lo siguiente...

Llegamos en coche a las inmediaciones del Paseo de la Alameda y nos topamos de bruces contra el primer obstáculo de la carrera: los accesos por los puentes están cortados y hay que continuar hasta mas allá del de Aragón para cruzar a la otra parte de antiguo cauce del rio y desde la cual se efectúa la salida. Indico a mi padre, nuestro chofer en el dia de hoy, que pare el vehículo en el semáforo en rojo y que salgamos ya rumbo al punto de partida, pues de no ser así llegaríamos tarde y no es cuestión de ser impuntuales cuando nos están esperando, ¿verdad? Y más aún habiendo madrugado tanto...

Caminamos hasta la recta de salida, un amplio y largo paseo que comienza a albergar corredoras y corredores que calientan sus piernas con trotes aleatorios. Como un enjambre de abejas revoloteando en torno a una colmena, trotan veinte metros, se dan la vuelta, trotan otros veinte de vuelta, estiran, saltan... todo sea por evitarse una lesión en mitad de la prueba.

Incontable número de participantes. Una autentica aglomeración de corredores y ojo, que salimos desde las ultimas líneas... ¡La de gente que vamos a tener que ir esquivando! Saludamos a las cámaras de la tele, por si nos vemos luego allí y podemos decir: ¡Mira, mira, ahí estamos! Y al trote, a la marcha Julián y yo pasando junto a personajes variopintos como perros con dorsal acompañados con su amo o ama, niñas en patines, gente en silla de ruedas que se impulsan con su brazos o son dirigidos por alguien, padres que llevan carritos de bebe y circulan a la marcha... en resumen, dorsales varios, lo que no se ve tan a menudo en el resto de las carreras populares. Y gusta, me alegra ver que la gente lo intenta y se anima y hacen chistes y comentarios graciosos sobre ello. Me encanta el típico "¿Cuánto falta para llegar?" nada más dan la orden de salida, o el de si nos van a dar una caña de cerveza y una tapita al acabar, entre muchos otros.

Pasar a través del túnel de las Grandes Vías y palmear todos al unísono es algo bastante simpático, suena como una Mascletà. Yo no podia palmear, pues tenia el teléfono móvil en la mano... pero suelto un ¡Vamos, vamos! Sí, necesito un bolsillo… Mejor, un brazalete para cargar con el teléfono sin problemas.
San Vicente, San Agustín, Guillem de Castro, Torres de Quart, Blanqueries, Torres de Serranos y enfilando la recta de meta para recibir la famosa camiseta conmemorativa de algodón y una bebida isotónica que siempre se agradece para recuperar electrolito en el cuerpo.

Julián contento y yo también, por supuesto, todo ha ido bien, soy un año mas viejo y lo he pasado trotando por las calles de la ciudad. No me puedo quejar.
El tiempo aquí es lo de menos, pues no es reflejo de la realidad tampoco... 47 minutos más o menos en hacer 8 kms. Al trote suave, lo importante es participar, como en todos los deportes y disfrutar de ello.

Ps: Me gustaría conocer al diseñador de las camisetas. Igual no me sorprendo y es verdad que lo elabora el sobrinito pequeño de alguien que manda mucho en el ayuntamiento de la ciudad.


domingo, 27 de mayo de 2012

Volta a Peu nocturna de Benimàmet 2012


26 de Mayo de 2012


Volta a Peu de Benimàmet


Se preveía una noche emocionante y todavía no habíamos llegado allí. Una fiesta del trote popular por las calles de la pedanía valenciana. Sólo 6km y sin el pesado Lorenzo atizándonos de buena tarde, y eso se agradece de verdad.

Cientos de corredores, me equivoco, ¡Miles de corredores preparándose para un homenaje a la carrera por sincera afición! Concretamente 4500. Toda una multitud agolpada en la explanada de la Feria de Muestras, que es el lugar en el que se procedía a efectuar el pistoletazo de salida.

Tenía previamente asumido que no es una de esas carreras en las que iba a ser fácil correr con un trote suelto con espacios por delante. Así que se trataba de ir buscando por donde esquivar a los corredores y corredoras más lentos por delante de ti. Y soy de los que animo a todo el mundo a correr, a participar y divertirse, pero los que de verdad vayan a hacer la carrera caminando, por petición propia deberían situarse en la parte trasera de la cola de salida y así nos evitamos esos tapones formados por grupos de amigos o familiares cuya cadencia de zancada es menor. Entendámonos, yo no soy un corredor con opción a quedar entre los cien, doscientos o mil primeros, pero tengo las piernas largas y necesito estirarlas. De cualquier manera no quiero tampoco culpar a los demás, pues si creo necesario evitar los corredores con un ritmo más sosegado debería situarme en posiciones más adelantadas en la cola de salida.

Bueno, dejando este debate que pongo sobre la mesa y en el cual expongo parte de mi culpa, quiero felicitar a la organización que hace estos eventos de carreras tan vistosos y animados, con música, con una ambientación maravillosa y una llegada en el interior del velódromo Lluís Puig digna de emocionarse como un corredor olímpico.
Acompañado con Julián, calentamos más o menos media horita por la explanada de la Feria y nos pusimos en la cola de salida, abarrotada al máximo de participantes. Fuegos artificiales y salida. Flases de las cámaras que nos fotografiaban, manos en alto, es una fiesta del deporte y como tal hay que sonreir y saludar, que tenemos que salir guapos en las fotos para el día siguiente. Una vueltecita al oscuro porche de los pabellones de la feria y seguidamente a trotar por Benimàmet. 

Me encantan las carreras que atraviesan los núcleos urbanos pese a que haya mucha gente corriendo y a veces sientas una especie de claustrofobia por sentirte en medio de una estampida que absorbe las calles a su paso, es bonito que la gente te anime y escuches el típico comentario de algún corredor que le dice a algún conocido sentado en la terraza de un bar dándose la buena cena: “¡Qué bien estás ahí, deberías estar tu aquí dentro, espabilado!”

Troto con las llaves del coche en una mano y el móvil en un brazalete en el brazo izquierdo y alguien me llama en el transcurso de la carrera. La melodía de kids de MGMT anima un poco el cotarro durante medio minuto, por lo visto no es habitual escuchar un teléfono móvil en mitad de una carrera. Luego veré quien ha llamado en cuanto llegue a meta pues no es cuestión de estar mirando la agenda en mitad de una subida entre 4000 tíos y tías trotando.
La subida al cementerio es un poco dura, pero ando bien de fuerzas en las piernas y adelanto a unos cuantos. Seguidamente comienzo a correr al lado de un señor cuyas respiraciones eran alarmantemente angustiosas y reflexiono acerca de la necesidad de llevar el cuerpo al límite de sus posibilidades. Tampoco es necesario cuando esto trata de divertirse corriendo, ¿no?

Enfilamos los últimos metros, la bajada hacia el velódromo en torno a una multitud de gente animando en los laterales de la calle de la Feria. Me siento con fuerzas, incluso un grupo de siete u ocho niños espectadores ponen sus manos para que los corredores choquen las suyas con ellos. Me gustó ver lo felices que eran cuando pasé y les choqué mi mano izquierda mientras les decía: ¡Vamos, vamos, vamos! Y a partir de ahí corrí como dice mi chica que lo haga: como el viento. Aceleré conociendo que estaba con las baterías bien cargadas aún y no había logrado desgastarme en exceso, así que troté con ganas para avistar la entrada al velódromo y subir la dichosa última rampa de acceso al recinto deportivo. La megafonía sonaba por todos lados y animaba a dar la última vuelta por el cómodo tartán del pabellón. ¡Cuánta gente en las gradas! Los familiares jaleaban a los suyos, que respondían saludando. Me encantó el final de la carrera, tan vistoso y emotivo…

En fin, que terminé con un tiempo real de 29 minutos y más o menos a mitad de tabla de clasificación. No aspiro a más, y menos con tanta gente corriendo  y saliendo de los últimos. No nos dieron un avituallamiento muy decente, sólo agua y una barrita de energía, y eché de menos la camiseta que suelen ofrecer al final de estas competiciones populares.
Me reuní con Julián a la llegada y volvimos a casa, más que satisfechos, pues hay eventos como éste que son agradables y divertidos. En un par de semanas, la siguiente.