sábado, 28 de julio de 2012

Volta a peu 6k parques de Mislata 2012



16 de junio de 2012


Es más fácil y accesible apuntarse a correr en un municipio relativamente cercano al tuyo, pues el desplazamiento a día de hoy se paga con creces. No había estado nunca en los barrios situados al oeste de la trama urbana de la Mislata, en la zona de Almassil, y me animé a buscar por internet un área de fácil posibilidad de aparcamiento del coche. Sencillo, sin mucha complicación, una explanada junto a la autovía, bajo un eucalipto que arrojaba una sombra agradable bajo aquella calurosa tarde de mediados de junio.
Hoy me acompaña mi chica, y es algo que siempre agradezco porque me añade moral antes de ponerme a trotar por ahí. Me pregunta dónde es la salida y le indico que se efectúa en medio de una plaza enorme, yerma, donde la vegetación se limita a los arboles perimetrales de las calles que la confinan y algún que otro pequeño ejemplar verde que se planta en un pequeño parterre. Por lo demás, explanada de cemento, fría y dura como muchas de las plazas modernas ultimamente realizadas en los municipios españoles.

La salida se marca con un arco hinchable de los de toda la vida, con la publicidad de la bebida de cola de toda la vida y con la musiquita de animación de toda la vida. Lo que no es de toda la vida era la poca afluencia de gente que iba a haber en el día de la carrera. Desolador. Una plaza que puede contener a veinte mil personas apenas iba a albergar a ciento cincuenta corredores. ¡Qué desangelado iba a ser aquello!

En fin, tomo mi dorsal, el número 46, pintado con rotulador y seguidamente me hago unas fotos con Laura y nos dirigimos a la sombra más próxima, a esperar que llegasen mis padres, que también iban a ver mi cara de sufrimiento al llegar a meta. De hecho hay una foto de ello y mi semblante es todo un poema a la llegada. Luego hablaré de eso.
Caliento y observo el grupo que va correr. Como siempre, hay de todo: atletas, aficionados y participantes casuales, aunque muy pocos en comparación con otros eventos, y más cuando vienes de correr una de casi mil quinientos individuos!

Se ejecuta la salida y lo primero que debemos recorrer es la misma plaza yerma y desangelada y seguidamente ya trotaremos por el municipio. En concreto por los parques de Mislata, que no están nada mal para pasar una tarde. Un corredor de raza negra se pone en cabeza y a los trescientos metros comienza a dejarnos a todos los participantes atrás, atrás, demasiado... nadie le responde, no tiene rival. Son de otra pasta, ciertamente. De repente se hacen 4 colectivos muy curiosos: el atleta africano, los “cracks”, yo mismo y el resto de inscritos. Esa posición mía como me define? Ni soy crack, obviamente, ni soy del grupo de atrás... creo que algo evoluciona favorablemente en mi entrenamiento, pero no lo suficiente como para alcanzar a la élite. Luego soy consciente de que realmente a fin de cuentas hay “cracks” que se descuelgan del grupo inicial que no eran tan hábiles, e individuos del grupo de atrás que tampoco son tan malos. Adelanto y soy adelantado, lo habitual.

Llevo una buena cadencia de zancada para lo que suele ser corriente en mí y hago el primero de los seis kilómetros en 4 minutos y 15 segundos, pero a partir de ahí el intervalo aumenta a 4'25'', 4'40''... etc. Tengo el conocimiento de que con el calor que hace a mediados de junio no voy a rebajar la marca que hice en la carrera nocturna de Benimamet: aquellos 29 minutos y cincuenta segundos en una carrera de 6km como la que estaba disputando.
La carencia de participantes es de tal índole que a veces corro solo, como si estuviera entrenando por la tarde en el parque. La gente sentada en los bancos comenta de vez en cuando que por allí viene otro, que somos pocos, que vamos muy separados... Los críos se cruzan por el camino de vez en cuando y temo lastimar a alguno. Bendito sea el que me disparo agua con su pistola en el parque de la Canaleta. Vino de perlas, gracias por tu travesura que hizo refrescarme levemente.

Mi cadencia de zancada en el ecuador de la carrera es buena, pero comienza a flojear. Alcanzo a una muchacha joven, de menos de catorce años. Viste una equipación de atleta, dos prendas, muy elitista ella. Admiro que la juventud se anime a realizar deportes como el atletismo y no sea todo fútbol o baloncesto. Desde ese momento, la muchacha situada a unos diez metros delante de mí seria mi referencia de zancada. Aquella chica tenía bastante resistencia y marcaba bien los pasos, se hacia complicado recortarle metros. Una otra joven, miembro de la organización de la carrera la animaba, que era la primera chica y que debía dejar el pabellón alto. Me pareció que aquellas palabras fomentaban el coraje de aquella atleta que se impulsó ligeramente en el dichoso tramo de camino de grava por las traseras del zoológico del Parc de Capçalera. Me dolían los tobillos y era consciente de que comenzaba a sufrir un bajón considerable. Aquello no era ni mucho menos parecido a la frescura de la noche de Benimamet. Si perdía la referencia de zancada de aquella corredora me vendría abajo y trotaría a bajo ritmo. Aun se podía mejorar la marca que obtuve en el velódromo aquella noche, pero creo que conseguir 27 minutos que me había puesto de objetivo unos días antes era una tarea titánica.

Subimos una cuesta de unos treinta metros, endiablada y justiciera. De las que marcan quién está fuerte y quien no lo es aquella tarde. Saco algo de energía de dentro, ese empujón mental que se da uno mismo para conseguir algo que ves que vas a perder. Obviamente la psicología entra mucho en juego en la competición, y también en estas carreras de aficionados al mundillo del running. Volvemos a introducirnos a las estrechas arterias del núcleo urbano de Mislata, sombreadas por la opacidad sus fachadas populares ante el sol de poniente. La chica comienza a escaparse, a ganar ciertos metros respecto de mi posición. La veo a unos cincuenta metros, sola, girando a la derecha en una calle que no era la correcta en el itinerario. ¡Pobrecilla, estamos como para hacer metros de mas!  Menos mal que un organizador de la carrera le advierte y la muchacha rectifica, con el semblante cansado y frustrado por la equivocación y las dos docenas de metros recorridos en balde. Aun así continua a unos cuantos pasos de mi y prosigue en su tarea de dejarme atrás en los quinientos metros restantes. 

Llegamos de nuevo a nuestra querida plaza, en la cual me planto prácticamente sólo, sin la compañía de algún corredor. La foto que me deberían hacer tiene que ser divina, sólo yo, el hombre contra en cansancio, el corredor contra la adversidad del calor. Al final la verdad es que solo es una imagen de un participante con la cara decrépita a causa del cansancio acumulado tras el último paso por la plaza de cemento antes de entrar a meta.

Si existe alguna imagen que demuestre la mala expresión de cara al entrar en meta, esa era la mía. Y siempre he deseado llegar alegre y sonriente si llego solo. Pues no, aquel día tocaba parecer el hermano feo del feo de los Calatrava.

Y por fin, miro mi reloj y voilà: he rebajado un minuto la marca de la carrera de Benimàmet. Justos 28 minutos y 50 segundos. Ni a propósito!

Ahora a por el avituallamiento y los regalos, que por eso he pagado un par de euros... una bebida isotónica, gracias, publicidad de otras carreras, bueno…gracias, y una bolsa que llevará la camiseta, seguro... ¡pues no! Nada de gracias por la visera de la caja rural hecha de cartón y el vale de 2x1 para descuento en Mcdonalds. Para eso, no entreguéis nada. Pero bueno, es lo que conlleva una baja participación. y mientras tanto, el atleta africano ha llegado diez minutos antes que yo, y creo que el si que se va a llevar un buen premio, y merecido.

Una carrera mas y a descansar unas semanas, que la siguiente es un 10k, en Alboraia.