26 de Mayo de 2012
Volta a Peu de Benimàmet
Se preveía una noche emocionante y todavía no habíamos
llegado allí. Una fiesta del trote popular por las calles de la pedanía
valenciana. Sólo 6km y sin el pesado Lorenzo atizándonos de buena tarde, y eso
se agradece de verdad.
Cientos de corredores, me equivoco, ¡Miles de corredores
preparándose para un homenaje a la carrera por sincera afición! Concretamente
4500. Toda una multitud agolpada en la explanada de la Feria de Muestras, que
es el lugar en el que se procedía a efectuar el pistoletazo de salida.
Tenía previamente asumido que no es una de esas carreras en
las que iba a ser fácil correr con un trote suelto con espacios por delante.
Así que se trataba de ir buscando por donde esquivar a los corredores y
corredoras más lentos por delante de ti. Y soy de los que animo a todo el mundo
a correr, a participar y divertirse, pero los que de verdad vayan a hacer la
carrera caminando, por petición propia deberían situarse en la parte trasera de
la cola de salida y así nos evitamos esos tapones formados por grupos de amigos
o familiares cuya cadencia de zancada es menor. Entendámonos, yo no soy un
corredor con opción a quedar entre los cien, doscientos o mil primeros, pero
tengo las piernas largas y necesito estirarlas. De cualquier manera no quiero
tampoco culpar a los demás, pues si creo necesario evitar los corredores con un
ritmo más sosegado debería situarme en posiciones más adelantadas en la cola de
salida.
Bueno, dejando este debate que pongo sobre la mesa y en el
cual expongo parte de mi culpa, quiero felicitar a la organización que hace
estos eventos de carreras tan vistosos y animados, con música, con una
ambientación maravillosa y una llegada en el interior del velódromo Lluís Puig
digna de emocionarse como un corredor olímpico.
Acompañado con Julián, calentamos más o menos media horita
por la explanada de la Feria y nos pusimos en la cola de salida, abarrotada al
máximo de participantes. Fuegos artificiales y salida. Flases de las cámaras que
nos fotografiaban, manos en alto, es una fiesta del deporte y como tal hay que
sonreir y saludar, que tenemos que salir guapos en las fotos para el día
siguiente. Una vueltecita al oscuro porche de los pabellones de la feria
y seguidamente a trotar por Benimàmet.
Me encantan las carreras que atraviesan
los núcleos urbanos pese a que haya mucha gente corriendo y a veces sientas una
especie de claustrofobia por sentirte en medio de una estampida que absorbe las
calles a su paso, es bonito que la gente te anime y escuches el típico
comentario de algún corredor que le dice a algún conocido sentado en la terraza
de un bar dándose la buena cena: “¡Qué
bien estás ahí, deberías estar tu aquí dentro, espabilado!”
Troto con las llaves del coche en una mano y el móvil en un
brazalete en el brazo izquierdo y alguien me llama en el transcurso de la
carrera. La melodía de kids de MGMT
anima un poco el cotarro durante medio minuto, por lo visto no es habitual
escuchar un teléfono móvil en mitad de una carrera. Luego veré quien ha llamado
en cuanto llegue a meta pues no es cuestión de estar mirando la agenda en mitad
de una subida entre 4000 tíos y tías trotando.
La subida al cementerio es un poco dura, pero ando bien de
fuerzas en las piernas y adelanto a unos cuantos. Seguidamente comienzo a
correr al lado de un señor cuyas respiraciones eran alarmantemente angustiosas
y reflexiono acerca de la necesidad de llevar el cuerpo al límite de sus
posibilidades. Tampoco es necesario cuando esto trata de divertirse corriendo,
¿no?
Enfilamos los últimos metros, la bajada hacia el velódromo
en torno a una multitud de gente animando en los laterales de la calle de la
Feria. Me siento con fuerzas, incluso un grupo de siete u ocho niños espectadores ponen sus manos para que los corredores choquen las suyas con ellos. Me gustó
ver lo felices que eran cuando pasé y les choqué mi mano izquierda mientras les
decía: ¡Vamos, vamos, vamos! Y a partir de ahí corrí como dice mi chica que
lo haga: como el viento. Aceleré conociendo que estaba con las baterías bien
cargadas aún y no había logrado desgastarme en exceso, así que troté con
ganas para avistar la entrada al velódromo y subir la dichosa última rampa de
acceso al recinto deportivo. La megafonía sonaba por todos lados y animaba a
dar la última vuelta por el cómodo tartán del pabellón. ¡Cuánta gente en las
gradas! Los familiares jaleaban a los suyos, que respondían saludando. Me
encantó el final de la carrera, tan vistoso y emotivo…
En fin, que terminé con un tiempo real de 29 minutos y más o
menos a mitad de tabla de clasificación. No aspiro a más, y menos con tanta
gente corriendo y saliendo de los
últimos. No nos dieron un avituallamiento muy decente, sólo agua y una barrita
de energía, y eché de menos la camiseta que suelen ofrecer al final de estas
competiciones populares.
Me reuní con Julián a la llegada y volvimos a casa, más que
satisfechos, pues hay eventos como éste que son agradables y divertidos. En un
par de semanas, la siguiente.
Me gusta mucho tu blog^^ De parte de la que te dice que corres como el viento decirte que escribes muy bien!!!
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