sábado, 19 de enero de 2013

2º VOLTA A PEU ALDAIA (10k SenseLimits)





28 de julio de 2012

En mi modesta opinión, creo que aquello que se realiza en casa de uno para el disfrute de muchos es completamente satisfactorio personalmente. Más aun cuando al día siguiente todo lo que llueve en cuanto a críticas del evento son favorables, positivas felicitaciones y buenas palabras dirigidas al anfitrión. Así fue en Aldaia, municipio en el que resido desde que nací, y que albergó la segunda edición de los 10k Sense Limits. La tradición deportiva del poble es notoria, con un veterano polideportivo confinado en sus escasos metros cuadrados y sorprendido ante el crecimiento urbano continuo de la hoy llamada “ciudad” de Aldaia, con mas de 30 millares de habitantes. 

Debo añadir que la creación de parques, carriles bici que conectan otras localidades cercanas, la extensión de huerta de regadío y una agradable brisa de levante por las tardes anima a que, cada vez más, la gente se calce las deportivas y salga a involucrarse en esta moda actual, no solo del cuerpo bonito, sino del cuerpo saludable. La llamada ruta del colesterol es recorrida a lo largo del día, desde la aurora al ocaso, por cientos de personas de todas las edades. El efecto llamada se hace cada vez más fuerte y los deportistas proliferan. En mayor medida los corredores, con sus coloridos atuendos y sus distintos ritmos de trote llenan los parques y animan a participar a aquel o aquella que dubitativo se pregunta si unirse a ellos, a aquella marea de ejemplo de vida sana.

Por corta tradición, la carrera en Aldaia siempre se ha realizado el último sábado de julio y día posterior al evento del concurso de paellas en plenas fiestas municipales. Puedo pensar que la carrera se plasma en el calendario de actividades seguido a la verbena para fastidiar a quien quiera cometer excesos la noche de antes o puedo pensar que es para garantizar la vida sana. Personalmente desde que participo en la Volta a Peu de Aldaia ya no acudo a la fiesta de las Paellas tan activamente como antes, pues la gente bebe más que come, y se alcoholiza uno más que bebe. Será que me hago mayor para algunas celebraciones…

Entonces ansío ese día, el día de carrera de Aldaia, de correr a través de las calles que conozco al dedillo, de cruzar las rotondas que habitualmente hago en coche, de recorrer los túneles que salvan la vía del ferrocarril por debajo y de ver a conocidos que te saludan al paso, contemplando una carrera que solo acude una vez al año a sus barrios. Sales con un plus de motivación, creyéndote un buen atleta ese día. Me siento fuerte, con energía de sobra como para batir la marca de los 10k que no pude conseguir en Alboraia por culpa del asfixiante calor. Quiero bajar de esos 52 minutos que hice en Alaquàs, el pueblo vecino.

Hoy el día sale caluroso y lógico debería ser, pues el calendario marca en rojo finales de julio y la entrada de agosto es inminente. Sin embargo el cielo nos da una tregua y un recubrimiento de nubes ligero amansa los mercurios. Las gafas de sol no van a ser necesarias y es de agradecer que Lorenzo no se manifieste con contundencia. De hecho apenas lo vimos durante el transcurso del acontecimiento. Tampoco ayudaba una brisa ligera de levante, no. Creo que era una tarde más digna de jugar un partido de tenis que a correr una decena de kilómetros. Pero estábamos en casa y no queremos quedar mal delante de los invitados, ¿no?

Una pequeña mascletà da la salida y los saludos se repiten por las dos orillas del rio creado por la gente participante y aquellos que vienen a animarlos. Yo, como siempre, muy bien acompañado. El trote hoy va a ser bueno, tiene buena pinta, tengo buena expectativa. Me he hidratado mucho, he comido bien y he entrenado adecuadamente los días de antes. No debería tener problemas. Damos una vuelta por el bulevar este de Aldaia, parejo al cinturón verde que genera el parque suburbano. ¡Es tan grato correr por esas avenidas que jamás antes te permitirían hacerlo por el tráfico que cargan! Damos la vuelta en una rotonda para cruzarnos de frente con los que están llegando. Saludos entre los corredores, entre los más avanzados y los rezagados. Cada uno debe mantener su ritmo para hacer lo más importante, llegar a meta y decirle a todos aquellos que corriste el 10k de Aldaia. No importa el tiempo, importa la participación, la intención y si uno se dosifica el esfuerzo como debe, acabar la carrera.

Pasamos por meta en el kilómetro 3 y un ambientazo en la plaza del Ayuntamiento me emociona. Nunca había visto tanta gente animar en una carrera en mi corta vida de corredor, salvo en Valencia y por que es la capital. Una banda con músicos toca al paso de los participantes y la música apremia. Es todo un fiestón organizativo. Yo sigo pensando que la carrera va a ser larga, que aun quedan 7kms y que el calor va a dar problemas, pero me siento en forma esa tarde y llevo ese plus de motivación que tan importante es para el deportista, pues le hace sentirse más fuerte de lo que es.

Mis abuelos esperan mi paso por la estación de tren, me acerco a saludarlos y por ello salgo de la línea de corredores que aprovechan la sombra arrojada por las fachadas. Mi abuelo me da una regañina por que según él si me aparto del grupo me van a adelantar y a ganar. Si hubiera tenido aliento le hubiera dicho: «Abuelo, el corredor que gane la carrera probablemente lo habrá hecho ya estando yo en el kilómetro 4». También saludo a mis tíos, que me observan desde el balcón de su casa y llego en unos metros al primer avituallamiento. Agua muy fría, sinceramente demasiado helada. Te produce hasta choque térmico. Pero bueno, bebo un poco y adelante. A por el primer túnel y de nuevo al siguiente paso por la estación de tren, ahora por el otro lado de las vías. De nuevo veo a mis abuelos y me desean todo el ánimo del mundo. Ahora en dirección al polideportivo, donde veo a Silvia y algún que otro conocido que me apremia a seguir con fuerza. Pasamos por una manguera elevada sobre las cabezas de los participantes que manaba agua dispersa para refrescarnos. Abro las manos para recibir tan preciado líquido refrigerante y uno de los miembros de la organización broma: «Oye, que no vas a dejar agua para los demás». 

Me dirijo a pasar ya por los últimos 3kms, el cansancio se hace notorio al subir la cuesta del último paso inferior sobre la vía y recojo el último avituallamiento de carrera. Rumbo al paso por mi barrio, por las inmediaciones de mi casa, donde está mi familia, mi novia graba un vídeo de mi trote a través del panel que indica el octavo kilómetro. Aun quedan dos de sufrimiento y estoy sudando demasiado. He elegido a un grupo de cuatro corredores compuesto por tres chicos y una chica que llevan una muy buena marcha y si los sigo seguro que marcaré mi récord de tiempo en una carrera de diez mil metros. Pero esos pasos a través de los barrios más antiguos de la localidad se hacen eternos, tengo pocos hidratos ya en mi cuerpo y el cansancio está batiendo mi capacidad de aguante mental. Comienzo a funcionar por automatismo, la sensación de que las piernas van por inercia de movimiento pero el tronco deja de estar lo estable que debería; ese balanceo torpe del corredor en las últimas antes de rendirse y sujetarse las caderas como si fuera a desplomarse… La Calle Mayor, los últimos trescientos metros. La recta de meta. Ya no hay marcha atrás, ya hay que entrar como un campeón, como el emperador que cruza Roma, como el Rey que retorna al castillo después de ganar la guerra. Eres uno más entre todos los corredores que finalizan la prueba, pero eres importante, sobre todo para aquellos que te han animado los días anteriores y muy satisfecho contigo mismo. Sobre todo, muy satisfecho contigo mismo y de que la organización haya sido tan bien resuelta. 

Un año más corriendo en Aldaia y esperemos que no sea el último. Excelente carrera alejada de aquellos trazados poligoneros sin mucha alegría. Aldaia nos dio un paseo por el poble, por cada una de las piezas que compone su morfología urbana más propia. Ya habrá carreras de huerta, de polígonos, de caminos solitarios sin animación. Hoy podíamos permitirnos comer en este restaurante caro, hoy podíamos permitirnoslo…

Al final, un tiempo de 50 minutos. Mi record hasta el momento. Aunque debo bajar la marca para las siguientes carreras.

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