20 de mayo de 2012
Volta a peu de València 2012
La fiesta máxima de las carreras
populares es, sin ninguna duda, la Volta a peu de Valencia. Es un evento
multitudinario, muy vistoso y con un mensaje de conciencia y llamamiento a la
población para fomentar el deporte; dirigido a los activos y a los sedentarios,
a aquellos que se calzan a menudo las zapatillas de correr y también a los que
abusan del sofá. Se reúnen todos: mujeres y hombres en similar proporción de
participación; niños y niñas acompañados de sus padres o sus abuelos, que por
cierto, son un colectivo generacional que me encanta ver en las carreras; toda
la familia reunida para trotar por las avenidas de valencia al ritmo de
palmadas matutinas al unísono, algo que emociona mucho cuando son mas de 20.000
almas las que lo hacen a la vez.
Me ofrece simpatía esta prueba,
aunque tampoco es del todo apta para marcar un buen ritmo de zancada y
controlar tu tiempo en los 8kms que tiene de distancia el recorrido. Esto es
debido a la enorme masa de gente que participa en el evento e invaden el ancho
disponible de la calle.
Nos despertamos el domingo 20 de
mayo - día de mi cumpleaños - con una soleada mañana que contrasta mucho con la
de la edición de año pasado en la cual fue protagonista una inquietante lluvia
previa al pistoletazo de salida.
Solecito del bueno, del que
anima, del que no llega a torrar pero agradece una mañana primaveral. Hoy toca pasárselo
bien y entretenerse corriendo al ritmo que voy charlando con mi buen amigo Julián
atravesando las calles de la capital.
Me despierto a las 7 de la mañana…
¡Un domingo! ¿Nos hemos vuelto locos?
Pero hay que desayunar bien, un
poco de hidratos de carbono por allí, otro poco por allá... lo típico que hacen
los deportistas o aspirantes a ello, como es el caso propio, y a continuación vuelvo
a dormir una horita más. Realmente iba a ponerme frente al ordenador a elaborar
mi proyecto final de carrera, pero tengo excesiva pereza esa mañana para
ponerme a diseñar.
Salgo de casa con mis padres y quedamos
con Julián para partir a la trigésima edición de la Volta a peu de la ciudad de
València, ¡Qué numero mas redondo y bonito!... pues mira tu por donde han
diseñado una camiseta de regalo a los corredores que proporciona, lastima no,
lo siguiente...
Llegamos en coche a las
inmediaciones del Paseo de la Alameda y nos topamos de bruces contra el primer obstáculo
de la carrera: los accesos por los puentes están cortados y hay que continuar
hasta mas allá del de Aragón para cruzar a la otra parte de antiguo cauce del rio
y desde la cual se efectúa la salida. Indico a mi padre, nuestro chofer en el
dia de hoy, que pare el vehículo en el semáforo en rojo y que salgamos ya rumbo
al punto de partida, pues de no ser así llegaríamos tarde y no es cuestión de
ser impuntuales cuando nos están esperando, ¿verdad? Y más aún habiendo
madrugado tanto...
Caminamos hasta la recta de
salida, un amplio y largo paseo que comienza a albergar corredoras y corredores
que calientan sus piernas con trotes aleatorios. Como un enjambre de abejas
revoloteando en torno a una colmena, trotan veinte metros, se dan la vuelta,
trotan otros veinte de vuelta, estiran, saltan... todo sea por evitarse una lesión
en mitad de la prueba.
Incontable número de
participantes. Una autentica aglomeración de corredores y ojo, que salimos
desde las ultimas líneas... ¡La de gente que vamos a tener que ir esquivando! Saludamos
a las cámaras de la tele, por si nos vemos luego allí y podemos decir: ¡Mira,
mira, ahí estamos! Y al trote, a la marcha Julián y yo pasando junto a personajes
variopintos como perros con dorsal acompañados con su amo o ama, niñas en
patines, gente en silla de ruedas que se impulsan con su brazos o son dirigidos
por alguien, padres que llevan carritos de bebe y circulan a la marcha... en
resumen, dorsales varios, lo que no se ve tan a menudo en el resto de las
carreras populares. Y gusta, me alegra ver que la gente lo intenta y se anima y
hacen chistes y comentarios graciosos sobre ello. Me encanta el típico "¿Cuánto falta para llegar?" nada más
dan la orden de salida, o el de si nos van a dar una caña de cerveza y una
tapita al acabar, entre muchos otros.
Pasar a través del túnel de las
Grandes Vías y palmear todos al unísono es algo bastante simpático, suena como
una Mascletà. Yo no podia palmear, pues tenia el teléfono móvil en la mano...
pero suelto un ¡Vamos, vamos! Sí, necesito un bolsillo… Mejor, un brazalete
para cargar con el teléfono sin problemas.
San Vicente, San Agustín, Guillem
de Castro, Torres de Quart, Blanqueries, Torres de Serranos y enfilando la
recta de meta para recibir la famosa camiseta conmemorativa de algodón y una
bebida isotónica que siempre se agradece para recuperar electrolito en el
cuerpo.
Julián contento y yo también, por
supuesto, todo ha ido bien, soy un año mas viejo y lo he pasado trotando por
las calles de la ciudad. No me puedo quejar.
El tiempo aquí es lo de menos,
pues no es reflejo de la realidad tampoco... 47 minutos más o menos en hacer 8
kms. Al trote suave, lo importante es participar, como en todos los deportes y
disfrutar de ello.
Ps: Me gustaría conocer al
diseñador de las camisetas. Igual no me sorprendo y es verdad que lo elabora el
sobrinito pequeño de alguien que manda mucho en el ayuntamiento de la ciudad.
